El próximo sábado será el Congreso del Partido Justicialista, y dos semanas después la Convención de la Unión Cívica Radical. Si se cumple con la convocatoria a elecciones internas, las fuerzas mayoritarias mostrarán bandera verde para que sus máximos dirigentes inicien la lucha por la Gobernación.
En realidad, la batalla ya comenzó hace rato, y tuvo algunos episodios de franco enfrentamiento, pero salvo contadas excepciones nadie abandonó el protocolo de considerar “prematuro” hablar de candidaturas, y las evasivas estuvieron a la orden del día a la hora de definir aspiraciones personales.
Un calendario resuelto en las internas partidarias, sin embargo, modificaría el panorama de peronistas y radicales, que comenzarán a negociar, tejer alianzas o medir fuerzas con otros sectores para dirimir quién llega mejor posicionado y asume la representación del partido el año que viene.
Aunque cada uno envuelto en su propia realidad, oficialismo y oposición comparten algunos detalles comunes. Por ejemplo, la prematura deserción de nombres que eran considerados “número puesto” en la interna.
En la alianza gobernante, fue el senador nacional Oscar Castillo, líder de la línea celeste, quien se apresuró a anunciar que daría un paso al costado y no intentaría recuperar el sillón de Avellaneda y Tula. La jugada generó dudas, ante todo por la reconocida habilidad política del ex gobernador, de quien no descarta una jugada para evitarse el desgaste de las internas.
En la oposición, quien se declaró fuera del juego fue el gastronómico Luis Barrionuevo, aunque en este caso son los antecedentes los que impiden dar por hecho el renunciamiento: de un tiempo a esta parte, todas las participaciones electorales del sindicalista en la provincia, tuvieron como prólogo el anuncio de que no sería de la partida. Con un detalle más: sea con una candidatura personal o en respaldo a un sector, se sabe que Barrionuevo jugará este partido (de hecho ya se encolumnó detrás de Eduardo Duhalde).
Claro que todavía persisten muchas dudas en torno a la realización de estos cónclaves partidarios, fundamentalmente porque no se sabe si lograrán reunir a todos los sectores internos. En el PJ, ya se dieron a conocer pedidos de aplazamiento del Congreso, y en el radicalismo, es una incógnita la participación de sectores que ya plantearon públicamente su rechazo a los métodos de conducción partidaria.
No obstante, con heridas abiertas o a medio cicatrizar, hay un calendario que avanza inexorablemente, y muestra en el 2011 la meta ansiada por la mayoría. Esto significa que de manera prolija o desprolija, con acuerdos de caballeros o peleas en el barro, deberán emerger necesariamente los nombres de quienes aspiran a la Gobernación.
En el oficialismo, la lista es encabezada por el actual Gobernador, Eduardo Brizuela del Moral, quien no tiene impedimentos constitucionales y ya expresó –a través de las oportunas declaraciones de su “vice” Marta Grimaux- su intención de permanecer en el cargo otros cuatro años.
Gustavo Jalile, intendente de Valle Viejo, y Ricardo Guzmán, lor mayor de la Capital ya ubicado de lleno en la campaña barrial casa por casa; reclaman su espacio, mientras que otras figuras, como Renato Gigantino, se candidatean aún sabiendo que requieren una estructura mayor de la que disponen actualmente.
En el peronismo, Ramón Saadi viene fortaleciendo su posición y no ha descansado desde que culminó su mandato en el Congreso de la Nación. Los intendentes marchan juntos con la intención de promover un candidato –y son varios los que se sienten capacitados para dar el salto-, mientras que comenzaron a sonar nombres como el de Eduardo Pastoriza como posibles candidatos; además de Lucía Corpacci, ex vicegobernadora y actual senadora nacional, que como máxima referente del Frente Para la Victoria está ubicada desde hace tiempo como la candidata natural del sector.
La recta final está muy cerca, y entre tantos nombres la lista comenzará a depurarse naturalmente, no sin antes dejar –a no dudarlo- heridos, traiciones y alianzas impensadas en el camino.
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