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El interminable conflicto del Partido Justicialista

No hay elecciones internas, con participación de los afiliados, desde fines del 2002. En mayo del 2007, cuando todos los mandatos estaban vencidos, se consagró una lista única que nadie consensuó con nadie. Así fueron los resultados: arrancó de presidente “Grillo” Avila y, al mes, lo despacharon de un plumazo. Lo pusieron a Dalmacio Mera, que venía de perder dos elecciones seguidas (por la senaduría de Valle Viejo y por una diputación nacional, en la que salió tercero detrás de Raúl Paroli y María Julia Acosta) y que ocupaba un cargo, en el Consejo Provincial, que no tenía nada que ver con la línea de sucesión.

Así pasó el tiempo, sin internas, sin debate, sin afiliados, sin nada. Hasta que llegó la hora de designar los candidatos a senador nacional y diputado nacional del año 2009. Sobre la hora del cierre de las listas, imprevistamente, un sector hizo nominaciones a dedo y el otro se alió con el Frente para la Victoria , con Dalmacio Mera como cabecilla. Persona de suerte, por fin, ganó la banca que hoy ocupa en el Congreso de la Nación.

Claro que a Mera, aquella jugada, le costó la presidencia del PJ. La intervención, por parte del Consejo Nacional y la venida de Vargas Aignanase, fue la continuidad del eterno conflicto. Cuando parecían encaminarse las cosas hacia la interna donde, finalmente, iban a decidir los afiliados, algo tenía que suceder. Quedaban días para aquellas elecciones cuando una jueza quebró la intervención y devolvió el Partido a los antiguos dueños. ¿Eran o son realmente dueños? Que sepamos, nadie los eligió. Lo que si sabemos es que llegaron por componendas y artilugios de toda laya.

Caída la intervención, de inmediato, se nombró otro presidente que ningún afiliado votó. Daniel Barros, de él hablamos, rápidamente y atendiendo las decisiones de un Congreso que no tuvo quórum legal, tiró otra nueva fecha para las internas: 4 de abril de 2010. Lo hizo con seis meses de antelación, como para que todos tengan tiempo de armar sus listas y someterse al veredicto de los afiliados.

Promediando febrero de 2010 ya se habló de que existían pedidos de prórroga. Se iba a suspender una elección que, claro está y así lo anunciamos, fue programada como una forma de patear la pelota para adelante. Quién iba a ir a una interna que nadie se anima a dar y tampoco nadie se anima a sostener. ¡Al carajo los afiliados!

Cuando todavía no ha llegado el famoso 4 de abril, por unas horas hubo otro cambio de presidente del PJ. Aunque muy pocos lo puedan creer, un Tribunal de Disciplina que nadie reconoce, como tampoco se reconoce a ningún otro estamento partidario, levantó una suspensión contra Mera que, cuando cayó la intervención de Vargas Aignasse, había sido expulsado. Pero no solo se le perdonaba, a Mera, los supuestos pecados cometidos, sino que se lo devolvía a la conducción. ¡Hola Mera, chau Daniel Barros!

Pero como el galimatías institucional del PJ lo puede todo, a las pocas horas, el Consejo Provincial volvió a expulsar a Mera (¿cuántas veces hay que expulsarlo para que quede efectivamente expulsado?) y esta vez fue por más. Le pedirá al Congreso que sesionará el sábado 13 de marzo, que lo inhabilite para cualquier tipo de candidatura. ¿Qué tal? ¡El PJ vive! ¡Sí, vive de quilombo en quilombo!

Como podrán apreciar los lectores, en esta nota, no se nombran a los actores principales del PJ. La figura excluyente, en este lamentable proceso, es el actual diputado nacional Dalmacio Mera, un hombre que no parece conformarse con haber atrapado una banca nacional en condiciones francamente difíciles. Su escalada política lo lleva a operar sobre el PJ y, seguramente, terminará discutiendo posiciones peronistas dentro de la Justicia , el destino inevitable de tanta disputa de baja estofa.

Pero lo de Mera iría mucho más lejos. Según fuentes perfectamente informadas, su intención sería la de ser candidato a gobernador el próximo año y, para conquistar tan caro objetivo, ya cuenta con un sponsor poderoso: el Grupo Zitelli. Junto a los legisladores Hugo Argerich, Moreta de Carrizo, Roberto Perrota y Juan Pablo Bosch, Mera representa el brazo legislativo del empresario Zitelli y, obviamente, toda la acción política de éstos cinco legisladores se expone casi diariamente en las páginas de El Ancasti.

Para nada es casual que el “nuevo castigo” para Mera incluya, además de su expulsión, la prohibición para ejercer cualquier candidatura peronista. Más allá de eso, lo reiteramos, el afiliado justicialista es un triste convidado de piedra de un conflicto sin fin y con un destino único para dirimir tantas bajezas: los estrados judiciales.

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